Guardo en la memoria el equilibrio de un domingo atravesado, busco que pasen los dieciocho días que me separan.
Tantos días, tantos domingos… Y otra vez más se acaba, y empieza una nueva etapa mejor, porque si algo nos caracteriza es superarnos cada día. Superar todo aquello en lo que pocos creen y que sólo nosotros vemos. Superamos los acordes de piano que suponen tantos kilómetros traducidos en cuatro horas de tren.
No nos importa si un volcán entra en erupción y colapsa el espacio aéreo del mundo, porque sabemos que, si hace falta, llegamos andando. No nos importa nada excepto los dos. Porque si algo aprendo en clases de árabe son los distintos significados que toman las palabras, y dos es compartir. Yo comparto mi tiempo libre, mis viajes y mis días por un roce mano a mano, por una esperanza que me asegura que nada acaba aquí.
Ni aquí, ni nunca ni siempre.
Nada acaba. Todo EMPIEZA. Tenga sentido o no, de vez en cuando hay que borrar la obligación para empezar con la devoción. Mi devoción es escribir y soltar pensamientos, no tener un espacio en la red por obligación.
Escuchando: http://www.youtube.com/watch?v=VNmNnlm-muA&feature=related
